

El Hip Hop no había visto nunca una época de tal “prosperidad”, pero dicha prosperidad es una relativa. Los inmensos conglomerados que representan las disqueras norteamericanas, continúan empeñadas en producir cada vez más discos de “hip-hop” (uno burdo y comercial), aumentando la cantidad de dinero a invertir y, paradójicamente, cercenando las oportunidades de los verdaderos artistas del género.
El apoyo de las disqueras al Hip Hop, se reduce a seguir produciendo mientras sea comercialmente rentable lo que ellos elijan, ergo, redituar el estilo de música que ellos consideren y los artistas que tengan una imagen acorde, con el fin de perpetuar el estereotipo del “rapero malandro”, estigmatizando a toda la cultura.
El auge del hip-hop comercial actúa en detrimento de la verdadera música, los artistas no son más que marionetas al uso de un mal mayor, las disqueras… ¿Y las voces críticas de una sociedad injusta? El hip-hop morirá en la medida que decidamos silenciarnos, auto-censurarnos, porque como miembros de esta cultura tenemos una responsabilidad para con cada uno de los elementos y obrar en favor de los mismos.
El Hip Hop no está muerto y no morirá mientras haya iniciativas y artistas puros, bien intencionados y conscientes.


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